Una brújula para la vida moral

brujula_430

Hace ya más de dos siglos afirmaba Kant que necesitamos una brújula para orientarnos en el mundo moral. Las brújulas no señalan dónde están las carreteras, dónde los ríos, dónde los puertos de montaña o de mar, porque no es lo suyo dar información con contenido acerca del terreno, sino sólo indicar dónde se encuentra el norte, sólo «en-nortarnos» en un mundo complejo. Sólo y nada menos, porque no es pequeña ayuda la de saber hacia dónde encaminar los pasos en el universo moral, que se caracteriza precisamente por la diversidad de los contenidos tanto en el espacio como en el tiempo. La historia de la humanidad muestra cómo en épocas diferentes y en culturas diversas también los contenidos morales son distintos, con lo cual disponer de una brújula para orientarse acerca de qué sea lo moralmente correcto es un inmenso beneficio. La brújula se concretaría, según Kant, en el imperativo categórico, en esa fórmula que no indica qué debe hacerse sino, como todas las fórmulas, cómo deben hacerse las cosas, en este caso, para actuar moralmente de una forma justa.