La ética del humor y su aplicación al ámbito educativo

La risa y la sonrisa tienen un gran valor para los seres humanos. Así, una buena parte de los contenidos televisivos está conformada por series, programas o incluso publicidad que tiene por objetivo hacernos reír. El humor inunda también la radio, la prensa y, en general, a los medios de comunicación.

En realidad, el humor se encuentra en todas las profesiones, por ejemplo, en los médicos, enfermeros, psicólogos, políticos, abogados, periodistas, y en un espacio que quiero resaltar aquí: la educación.

También nos acompaña en las conversaciones cotidianas con los amigos, con la familia, o incluso con desconocidos.

La risa nos resulta placentera pero, ¿reímos siempre correctamente? El pasado mes de febrero de 2015, conocimos el caso de un joven que hizo caer a una mujer al suelo de una patada -hecho que, al parecer, le resultaba gracioso- mientras la acción era grabada por un amigo con su teléfono móvil y subida a las redes sociales, supuestamente para “compartir el disfrute”. Este tipo de vejaciones no son nuevas, a menudo ocurren también entre los alumnos de un colegio, e incluso hay grabaciones de alumnos a profesores. Lo más llamativo es comprobar que tanto el que realiza la acción, como la persona que lo graba, son capaces de reír al hacerlo.

Por supuesto, este tipo de acciones, al hacerse públicas, son censuradas por la sociedad, porque esa risa es percibida claramente como inmoral. Pero, en otras ocasiones, el límite parece menos claro y nosotros mismos podríamos estar dañando a otros con nuestra risa, sin darnos cuenta.

En mi libro titulado Ética del humor. Fundamentos y aplicaciones de una nueva teoría ética, publicado en la editorial Plaza y Valdés, sitúo en el humor el punto arquimédico desde el cual diseño y defiendo una nueva teoría ética, a la que llamo, precisamente, la ética del humor. En uno de sus capítulos aplico esta teoría al ámbito de la educación.

Una gran parte de la bibliografía científica venía mostrando hasta ahora las ventajas de la risa para la salud. Pero es obvio que no toda risa es buena. Algunasformas de risa son muy dañinas tanto para nosotros mismos como para los demás. ¿Somos capaces de distinguirlas en nuestra vida cotidiana?

El humor es el fenómeno cognitivo que percibe algo en la realidad como gracioso, provocando la emoción de la hilaridad, que se expresa mediante la sonrisa o la risa. El umbral para percibir algo como gracioso y experimentar la hilaridad puede variar de un individuo a otros por su sentido del humor propio general, pero puede variar también en un mismo individuo dependiendo del contexto social, estado de ánimo actual, estado de salud, grado de cansancio, o incluso la ingestión de alcohol o drogas
psicoactivas. Una de las tesis de mi libro consiste en afirmar que, junto a esas variables, hay que añadir también que nuestro umbral para percibir algo como gracioso variará de modo fundamental  dependiendo de nuestra educación ética.

El objetivo de mi libro es contribuir a formar en el humor ético, a que aprendamos a reír en el momento oportuno, en el grado correcto y por los motivos justificados.

La evidencia procedente de varios estudios indica que los profesores tanto de universidad como de educación secundaria y de escuela primaria, recurren a una media de tres casos de humor, por cada clase de 50 minutos. Pero, ¿qué tipo de humor usan los profesores?

Aunque la mayoría de expertos en educación recomiendan a los profesores evitar el uso de burlas y ridiculizaciones, existe evidencia de que en realidad las formas de humor agresivas son bastante comunes en el aula.

En un estudio de Joan Gorham y Diane Christophel realizado en 1990, se pidió a estudiantes universitarios que escribieran breves descripciones de todos los comentarios humorísticos hechos por los educadores durante las clases. El análisis indicó que la mitad de todos los casos de humor implicaba reírse de una persona, de un grupo de gente o de una institución. Hasta un 20 por cien de todos los comentarios humorísticos de los educadores se burló de un estudiante individual o de la clase en su conjunto.

Al burlarse o ridiculizar a un estudiante, quizá los profesores crean que corrigen determinados comportamientos y que, a la vez, eso sirve de ejemplo para el resto de la clase. Sin embargo, hay evidencia abundante de que la ridiculización y otras formas de humor agresivo pueden tener efectos perjudiciales en el clima emocional global de la clase. Por ejemplo, en otro estudio de Janes y Olson en el año 2000, estudiantes universitarios que observaron que otra persona era ridiculizada se volvieron más
inhibidos, más conformistas, con más miedo a equivocarse y menos dispuestos a asumir riesgos.

El tipo de humor que defiendo en mi libro, es decir, el “humor ético”, es positivo tanto para uno mismo como para los demás y, en el ámbito educativo, aporta los siguientes beneficios: Reduce la tensión, el estrés, la ansiedad y el aburrimiento; mejora la relación estudiante-profesor; hace menos intimidatoria la clase para los estudiantes; hace divertido el aprendizaje, creando actitudes positivas hacia él; estimula el interés y la atención a mensajes educativos; aumenta la comprensión, retención cognitiva y rendimiento; promueve la creatividad y el pensamiento divertido. El humor ético convierte la mera transmisión de información en una interacción social entre humanos.

Los propios estudios neurocientíficos están aportando evidencias recientes de cómo el buen humor favorece el clima de confianza necesario para que el proceso de enseñanza-aprendizaje tenga lugar de manera exitosa.

El humor ético no solo acorta la distancia entre el profesor y los alumnos, también contribuye a mejorar la relación entre los profesores; desdramatiza los conflictos y destierra prejuicios irracionales; ofrece una respuesta positiva ante una sociedad desencantada, pesimista y pasiva; ayuda, por tanto, al educador, en su tarea de motivar a sus alumnos para que quieran colaborar en la construcción de un mundo mejor.

Juan Carlos Siurana
Profesor Titular de Filosofía Moral
Director del Grupo de Investigación en Bioética
Universitat de València

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