¿Cómo actuar con la gente tóxica?

Bernardo Stamateas es el autor del famoso libro Gente tóxica, publicado en 2008, que ha vendido más de 250.000 ejemplares. Es licenciado en psicología, terapeuta familiar y sexólogo clínico. Nos dice que la “gente tóxica” son las personas equivocadas que permanentemente evalúan lo que decimos y lo que hacemos, o lo que no decimos y no hacemos. Son las que

“potencian nuestras debilidades, nos llenan de cargas y de frustraciones”.

En su libro, distingue y describe los siguientes tipos de gente tóxica: el meteculpas, el envidioso, el descalificador, el agresivo verbal, el falso, el psicópata, el mediocre, el chismoso, el jefe autoritario, el neurótico, el manipulador, el orgulloso y el quejoso.

Comencemos con el primer tipo de “gente tóxica”.

Una persona “meteculpas”: Es la que echa la culpa de sus desgracias y de su infelicidad a las personas que le rodean, por ejemplo, a sus padres, por haber estado ausentes durante su infancia y hacerle sentir que era una carga; a sus hermanos, por haber tenido que cuidarlos de niños y haberse quedado sin tiempo para estudiar; etc. El “meteculpas” te transmite el siguiente mensaje:

“Eres responsable de lo que he hecho”.

Cuando nos relacionamos con un “meteculpas”, entonces podemos llegar a interiorizar su mensaje y sentirnos “culpables”. Cuando nos sentimos culpables empezamos a vivir queriendo agradarle, pero dejamos de ocuparnos de nuestra vida y, según Stamateas, eso es enfermizo.

Otro tipo de “gente tóxica” es la persona “envidiosa”, es decir, la que no soporta el éxito de las demás: Esta sufre por tener menos dinero y menos felicidad que la otra. Su objetivo es tener “mayor cantidad” de lo que tiene la otra. Lo que Stamateas afirma entonces, es que no solo la envidiosa resulta tóxica para las personas con las que se relaciona, sino que la envidia que siente afecta también a su propia salud.

Así nos dice:

“Hay gente que se enferma, que sufre de artrosis, reumatismo y otras dolencias, debido a la envidia”.

Y añade:

“La envidia siempre enferma, y no solo enferma el cuerpo físico sino que también amarga el espíritu”.

Su libro, por tanto, está dirigido a reconocer a la “gente tóxica” para impedir que nos dañen, pero también a evitar que nos convirtamos nosotros mismos en “gente tóxica”, o si lo somos, que dejemos de serlo. El objetivo del autor es que logremos llevar una vida sana.

Personalmente, me parece interesante que se investigue la conexión entre las emociones morales y la salud de las personas. Eso abriría un campo para trabajar de manera conjunta entre los profesionales de la Ética y de la Salud. Un campo que está todavía por explorar de manera sistemática.

Pero ya adelanto que no me gusta mucho clasificar a la totalidad de una persona por una de las cosas que hace. Una persona “meteculpas” puede ser buena en otros muchos aspectos, por ejemplo, puede que ayude a las personas que le rodean en diversos aspectos de sus vidas. Entonces sería tóxica en una de sus facetas, pero “sanadora” en las otras. En su totalidad, ¿sería tóxica o sanadora? Creo que el mensaje debe ser

“revisemos aquellos aspectos de la vida de las personas que no parecen éticamente correctos”.

Creo que no ayuda mucho ir por ahí clasificando a la gente como “tóxica”, pues eso puede convertirse en una etiqueta en nuestra mente que impida verla en su totalidad.

Si quieres, haz el ejercicio de pensar en alguna persona a la que podrías considerar “tóxica”. Luego intenta comprenderla en su historia personal y destaca aquellos aspectos positivos que tiene. Por último, si entiendes que vale la pena seguir manteniendo la relación con esa persona, tendrás que aprender a manejar esa dimensión que te hace daño, para construir una relación más sana. ¿Cómo será posible esa nueva relación? En mi opinión, haciendo que sea una relación más ética, es decir, una relación basada en valores que todas las personas afectadas podáis compartir.

Juan Carlos Siurana

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